andrewlloydwebbertimevita98869“Evita” es, sin duda alguna, uno de los grandes musicales de todos los tiempos. El paso de los años no hace si no rejuvenecerla, a la vez que -curiosamente- se va convirtiendo en un clásico. Por eso se explica este renacer de los últimos tiempos que vuelve a los escenarios en olor de multitud en compañía del resto de unas óperas rocks de los 70 que marcaron aires nuevos y toda una época.
Como hizo la propia Eva Perón, uno de los grandes personajes del Siglo XX. De la nada absoluta, a la gloria mundial, a ser la diosa de Argentina, pasar a Santa Evita, y casi a su beatificación.
Webber y Rice, los dos jovencísimos triunfadores con el bombazo de “Jesucristo Superstar”, tenían un grave dilema. ¿Cómo y con que dar continuidad a ese musical tan aclamado y rompedor? No querían ser autores de un solo hit, cosa tan habitual en aquella época tan creativa.
Un programa de radio de la BBC le encendió a Rice su estupenda fábrica de ideas. Escuchó una bio de Eva Perón y no dio crédito a lo que estaba escuchando. Evita, no lo olvidemos, había muerto 23 años antes y, salvo en el mundo latino, ya empezaba a habitar en el olvido.
Pero, intrigado, se fue a Buenos Aires a la busca de la verdad de ese mito. Webber, por otra parte, hacía un montón de melodías porque estaba en la cima de su probada genialidad. De ahí nació ya el no menos mítico “No llores por mi “Argentina”, al que Rice puso una notable letra pero precisamente el estribillo no queda muy claro. Tal vez forzado por la bellísima melodía, fue sin embargo un gran hit mundial.
Porque primero que musical “Evita” fue disco. Seguian los pasos tan inteligentes de Jesuscristo Superstar. Fórmula tantas veces aplicada pero no siempre con estos brillantes resultados. Ese éxito le abrió fácilmente los teatros del West End londinense y del Broadway neoyorkino. La versión española- de la que fui uno de los afortunados productores, ´fuimos 16, y coautor de las letras y productor ejecutivo del disco millonario en ventas- tardó casi 4 años en llegar por culpa de unas curiosas circunstancias muy largas de contar.
Pero si quisiera decir que el primer proyecto, costosísimo para la época, fue puesto en marcha gracias al empeño de Rocío Jurado en ser “Evita”. Un viaje con ella a Londres para ver el gran hit que se estaba produciendo le disipó cualquier duda. Por problemas de cuerdas vocales, fue un proyecto imposible con esa estrella tan espectacular. Pero ya se había prendido la llama y sólo nos faltaba encontrar a nuestra Eva. Siempre estaré agradecido a la Mas Grande.

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Apareció milagrosamente Paloma San Basilio, estrella emergente, y nadie se retiró del proyecto inicial. Tres años y medio duró el espectáculo. Seis meses en América. Y uno de los mayores éxitos del teatro musical en nuestro país.
La brillante idea del autor Rice fue hacer un guiño en el tiempo y unir y juntar en el propio escenario al Che Guevara y a Evita en un duelo inolvidable. El Che era aun niño cuando Evita llegó a la gloria. Pero esa idea de la estrella populista que fue muy mala actriz pasada por la crítica despiadada del Che que la acosa para desmitificarla, da un enorme juego escénico.
Y precisamente esa pelea dialéctica es la que ahora cobra en esta España convulsa una inquietante lectura, que en el 80 no ocurría por la democracia recién estrenada.
Rice pone en boca del Che frases memorables que hoy cobran incisivo valor. Es demoledor el principio de la obra que ante la muerte y el entierro ya se llama “Oh que gran circo oh que gran show”.¿ De que nos suena ahora?. “Llegó a ser grande y se lo creyó”, mas de lo mismo. Y ese lamento desde la izquierda de utilizar el populismo mas rastrero por una mujer cargada de joyas y de falso glamour, sigue mas presente que nunca.
Uno de los números de la ópera se llama “Todo es posible en política”. Terrible letra para un juego de las sillas por el poder hasta que Perón se queda con el gran sillón. Ese juego me suena.
Sin embargo, hay una curiosa dicotomía en la irresistible ascensión de Evita al poder. El tufillo fascista era inevitable. Ella, inculta pero listísima, vio en los Sindicatos de izquierdas sus grandes aliados. Fue la reina del sindicalismo. Los utilizó a base de latiguillos y discursos con su famoso “verbo encendido”. Y todos tan unidos. “Main Kampf”- “Mi lucha”- era el tristemente célebre libro de cabecera de Hitler. “La razón de mi vida”, a imagen y semejanza, era el de Evita.
Murió a los 33 años. Como Cristo. De ahí lo de Santa Evita y la petición formal de Perón al Papa pio XII para su beatificación. Un famoso anatomista español, el aragonés Doctor Ara, embalsamó con mano maestra el cadáver de Evita. La historia de ese cadáver que fue robado del edificio de Los Sindicatos y que viajó por medio mundo hasta que llegó al salón de la casa de Perón en Madrid, da para otra macabra tragedia.

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Tan singular mujer, tan peculiar estrella, que ya descubrió en la radio su medio perfecto de propaganda que tanto la ayudó al triunfo- como ahora las redes sociales y la televisión- tuvo la vida mas inverosímil que se pueda imaginar. Nunca la realidad superó tanto a la ficción. Hasta tal punto, que me contó el productor de la obra en Londres que en muchos países tenían que poner un pequeño programa en cada butaca de los teatros advirtiendo al espectador de que iba a ver una historia real.
Su odio a la oligarquía bonaerense, que siempre la despreció y le llamaba “la corista”, fue una encarnada lucha que acabó ganando. Un famoso presentador de televisión argentino me contó en Buenos Aires una cosa curiosa. The ópera house se llama El Gran Teatro Colón. Y Evita le decía que cuando realmente se sintió poderosa fue cuando por primera vez se fue al palco real vestida de Reina y toda la oligarquía se puso a sus pies. Eso era para ella el verdadero poder.
No veo yo a Pablo Iglesias de smoking en el palco real del Real. ¿Pero a la Colau en el palco del Liceo? Todo se andará.
NACHO ARTIME escribió la versión española de “Evita”