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La perversión de la Academia con la música es secular. Nunca terminará de reconocer el esencial sentido que tiene la música en el cine. Como el “ruido perfecto” que recordaba Hitchcock. Estas dos fotos es el único y ridículo homenaje de la Academia a David Bowie, cuando había una sección de actuaciones en que habían apeado nada menos que a dos canciones de  las nominadas.