ENTREVISTA A JULIAN RUIZ EN EL MUNDO

Esta es la entrevista en EL MUNDO:

Julián Ruiz recopila el anecdotario perdido de los ídolos de ayer y hoy: sexo, traiciones, envidias, drogas y pecados diversos.

por
DARÍO PRIETO SIERRA
Sexo, traición, adicciones, celos, muerte… Además de con canciones, la historia de la música popular se ha escrito con un anecdotario suculento. Primero estuvieron las mitologías clásicas, luego las vidas de santos y ahora las crónicas de excesos de las rockstars.

El periodista Julián Ruiz, colaborador de este diario, se ha dedicado durante los últimos cuatro años a recopilar este anecdotario del rock y el pop en una serie de artículos para EL MUNDO, ahora reunidos en el libro El sargento Pepper nunca estuvo allí. Historias secretas de grandes músicos (Lunwerg).

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FOTO ANTONIO HEREDIA

«La realidad es siempre mejor que la ficción», sentencia Ruiz, creador del programa Plásticos y decibelios, compositor bajo diversos sobrenombres (El Bosco, CCCP) y productor de estrellas locales, como Alaska y los Pegamoides, Tino Casal o Cómplices. «Me gustan las autobiografías y las Crónicas de Bob Dylan son mis memorias favoritas», añade para justificar esta pasión por las leyendas y aventuras de los músicos.»Por ejemplo, coges la historia de Layla, en la que traicionas a tu mejor amigo y le quitas a la mujer, como pasó entre Eric Clapton y George Harrison. O Michael Jackson y Paul McCartney: los dos graban juntos The girl is mine y Michael le pregunta a Paul qué puede hacer con tantos millones y éste le dice que compre los derechos editoriales de lo que le gusta, como hizo él con Buddy Holly y Jimi Hendrix… y Jackson se quedó con la copla y con el catálogo de los Beatles. O Serge Gainsbourg y Brigitte Bardot: él le dice que le va a hacer la mejor canción de la historia, graban Je t’aime… moi non plus, la ponen en las radios y Bardot se asusta porque su marido le mete una demanda», enumera Ruiz para poner ejemplos del medio centenar de historias, de Kurt Cobain a ABBA y de Adele a Frank Sinatra, que componen el volumen.

Pero, más allá del chascarrillo, Julián Ruiz piensa, como Freud, que en estas anécdotas hay una dimensión superior de la realidad. «En Layla, el triángulo amoroso. En Jackson y McCartney, la envidia. La soberbia de Prince con Sinéad O’Connor en Nothing compares 2 U. Y luego, por supuesto, la lujuria, la ira… Aquí están todos los pecados capitales en grado sumo», explica.
El veterano periodista señala que se ha tomado esta recopilación como una forma de fijar la memoria, para que no se le olviden las cosas, como un recorrido por muchas experiencias vividas en común junto a estas estrellas. Pero también subraya el valor intrínseco de estos relatos. «Son historias estupendas, son… películas», asegura. Y de ahí el título, como el protagonista del álbum más crucial de los Beatles. «Me gusta la metáfora de este ser que no existe, pero que está siempre en la memoria de todos, porque es el personaje ficticio más conocido del mundo de la música», apunta. «Es la única ficción que aparece en el libro».¿Y qué tienen los músicos para dar pie a todo este universo legendario? «El exceso de imaginación. Mira John Lennon al decir que los Beatles eran más importantes que Jesucristo. Ese tipo de imaginación es peligroso, sobre todo si deriva en drogas», responde. «Pero lo que más me aterra es que muchos han muerto solos, sin comunicarse con el exterior y sin saber decir ‘ya basta’, sin ver que ya acabó su momento. No hablamos de Mick Jagger, porque es el diablo y le da igual. Hablamos de adaptarse, como Paul McCartney, reconocer que uno ya no forma parte de los Beatles».»Es buena la comparación con el Hollywood de los años 20″, destaca Ruiz. «Por ejemplo en el tema de la sexualidad, lo que sucedió en el mundo de la música en los años 70, antes del sida. Era una barbaridad. Y lo del amor libre era una realidad. Hombre, es un disparate y una pasada lo que cuento en el libro sobre lo que hicieron los Led Zeppelin con una cría de tiburón y una chica pelirroja». Pero todo eso, lamenta, «ya no existe». Estrellas, medios, fansY todo esto le hace pensar en cómo ha cambiado la relación en este triángulo entre estrellas, medios y fans. «Estaba intentando recordarlo, pero no sé si estuve nueve o diez veces con David Bowie.

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Pero ahora, ¿quién hablaba con Bowie? Hemos perdido la relación entre los periodistas y las estrellas de la música. Lo mismo con el deporte: recuerdo cuando Marca entrevistaba fácilmente a Di Stefano o Cruyff, mientras que ahora es una locura aproximarse a gente así. No sé si es porque los medios han crecido demasiado o porque ya no nos tienen miedo a la gente de la prensa y pasan de nosotros. Lo que sí es verdad es que hemos perdido la influencia. Y que no les hacemos falta porque su fama supera a todo, incluidas las casas de discos», se lamenta. «Un Julián Ruiz sería ahora imposible».

Y hace una defensa de esta profesión: «Todos necesitamos a los periodistas. Hasta nosotros mismos. Porque somos notarios de la actualidad, como decía José María García. Y esa frase de que los críticos musicales son periodistas frustrados me ha jorobado siempre: yo soy periodista, pero, ¿por qué no puedo hacer música? Menuda gilipollez». Que fue precisamente lo que empezó a hacer, hace ya 40 años.Pero el cambio del modelo también ha afectado a los ídolos. «Ahora es todo más accesible, pero creo que ellos también han cometido el gran error de Twitter e Instagram. Porque eso es convertirse en lo mismo que el resto de la gente. En ese sentido, Bowie era muy reacio a las redes sociales. Por no hablar de Keith Richards, que le dices algo de esto y te manda a…». Así que, más que internet, «el principal cambio ha venido», según Ruiz, «por la estructura digital del mundo».

Muchas de las historias que componen el libro se han nutrido de una ventaja que ha tomado Ruiz respecto a otros: «En ocasiones, me he aprovechado de que he podido jugar a no ser periodista y ponerme a su altura como músico y productor, para así poder coger cosas. Y, como productor, ellos ya se portaban de otra forma. Hablando de técnicas de grabación, se relajaban y te contaban otras historias que generalmente no compartían». Así fue como consiguió, por ejemplo, que Peter Gabriel le dejase los samples para Pánico en el edén, de Tino Casal.

El libro sale poco después de la muerte de uno de sus grandes protagonistas, Prince. «Me quedé fatal cuando lo supe. Le vi en seis o siete ocasiones. La vez que más, cuando vino en 1990 al Vicente Calderón y de aquellas lo más probable es que estuviese metido en la heroína Si nada más que comía dulces… La imagen que tengo es de verle en una confitería, por los alrededores de la Plaza de Colón, a las siete de la mañana, comprando pastelitos». De aquellos momentos de gloria, a morir en soledad en un ascensor. «Por eso se ha muerto. Porque no ha asumido que ya no es Prince, que ya no es el que pega. Les devora la vida. Como a Michael Jackson. Como Freddie Mercury. Han tratado de comérsela tanto que al final les ha pasado al revés», reflexiona.

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Llama la atención que, a pesar de su relación con la industria musical española, el libro se centre exclusivamente en las estrellas extranjeras. «Quieren que cuente estas otras anécdotas, pero no tengo ganas, porque no quiero hablar mal de nadie. Y para contar la verdad hay que hablar en algún momento mal. Porque el hecho de que seas Lennon, Bowie o Prince no significa que tengas que ser un santo», se excusa.

Y a él, insiste, lo que más le interesa es la música. «Siempre aplico a la vida lo que aprendo de las canciones. What a wonderful world, que cantaba Louis Armstrong. La vida es maravillosa, y como lo es, tiene también sus odios, sus traiciones, sus desencantos… En definitiva, lo que aparece en este libro», señala, aunque reconozca que «la música ocupe un lugar mucho menor en nuestra vida. Importa más un futbolista y la prueba la tienes en que las groupies que estaban antes con las estrellas del rock están ahora con los cracks de los grandes equipos».

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