Ya tiene 65 años y  puede ser su propio narrador. Aunque suele interpretársele como  un insolente, buena parte de la música de Byrne, en la tradición del arte pop de Richard Hamilton o Andy Warhol.

El título del nuevo álbum  de David no es ni irónico ni literal.Y asegura:

“Ciertamente no estoy describiendo ninguna utopía. Algunas de estas canciones  , en sus estrofas,  no son  exactamente alegres. Pero a los estribillos  se les contraponen, lo que parece dar una sensación de esperanza”.

Al inicio de su carrera, cuando Byrne era el cantante de Talking Heads, los fanáticos recurrieron a él en busca de una solución en sus vidas, de alienación, no de esperanza.

Después del último álbum de Talking Heads en 1988, se abrió paso en una carrera solista que ha sentado precedentes envidiables de variedad y prestigio: fundó un sello discográfico que promovió música de Brasil y África; escribió libros y artículos de opinión; se ganó un Oscar en 1988, por ser uno de artífices de la música de”  El último emperador” de Bertolucci; compuso una opereta magnçifica sobre Imelda Marcos y un musical acerca de Juana de Arco; ha expuesto su arte visual y hasta apareció en Los Simpson.

“Me parece que soy bastante alegre la mayor parte del tiempo.Pero también puedo ser cínico y pesimista en cuanto a la política y temas por el estilo”.

El primer álbum de David Byrne desde 2012, “American Utopia,” explora “el estado de Estados Unidos:” Byrne ha sido claro en su odio hacia el presidente, pero American Utopia, afirma, no es su “álbum sobre Trump”.

Escribió las letras antes de la elección e incluso tomó algunas ideas de cuadernos viejos. No obstante, no deja de ser un álbum sobre Estados Unidos, escrito por un tipo que en muchos sentidos no deja de ser un extranjero.

No se olvide que David Byrne nació en Escocia; se mudó con su familia a Baltimore cuando tenía 8 años y no cambió su “green card” por la ciudadanía estadounidense  hasta 2012. Para ser un artista considerado un cosmopolita global, ha escrito muchas canciones sobre Estados Unidos.

Durante cuarenta años, Byrne ha mostrado gratitud y deleite, en combinación con vergüenza y miedo, por su país adoptivo.

“Hay muchas cosas que me encantan de Estados Unidos.Hay muchas cosas que desprecio por completo. Algunas veces, las dos se mezclan. Hay un espíritu inventivo y un sentimiento de que la gente puede reinventarse, que se remonta a Alexis de Tocqueville, y la idea de que Estados Unidos podría ser una reinvención de lo que un país podría ser”.

Y alarga la idea:

“También alberga a personas que reinventan eso que podrían ser.Me parece que el resto del mundo sigue admirando a Estados Unidos por eso, incluso si lo desprecian por muchas otras razones. Sinceramente, desearía poder alejarme más del país.Quizá es momento de poder  seguir adelante”.

Sin embargo, paradójicamente, Estados Unidos es el lugar donde David  Byrne descubrió que puede seguir adelante una y otra vez.