Se va a estrenar una película con la historia de Mercury. Este es el artículo que escribió Julián Ruiz:

El testamento de Freddy Mercury escenificaba la composición de un nuevo ideario de familia . Fechado y leído el 13 de mayo de 1992 dejaba a Mary Austin, su amante primero y su mejor amigo-a después , como heredera de su mansión Garden Lodge, amén  de otras dos casas rurales y la mitad de todo su patrimonio actual y futuro. Medio millón de libras a su cocinero Joe Fanelli . Las mismas cantidades a su marido virtual Jim Hutton y a su asistente personal Peter Freestone. Otras cien mil libras a su chofer Terry Giddins . A  su familia sanguínea sólo les dejaba un 25 por ciento de su patrimonio a su hermana Cash Cooke  y otro 25 por ciento a sus padres Jer Bulsara y Bomi Bulsara.

Una patada al estómago a la catástrofe  de Mathulsian y la certificación de lo que Michael Foucault llamaba la “nueva familia”. La decadencia patriarcal y el auge de las simples relaciones humanas y no sanguíneas.

Pero la contradicción humana no tiene límites. La primera estrella de rock víctima del Sida era  reaccionario, todavía confuso y atormentado por lo códigos éticos de su época. Casi todas las Fundaciones en lucha contra el Sida culparon a Mercury de no haber admitido su enfermedad,-”el castigo a los maricones” como cínicamente le llamaba-  hasta tan sólo un día antes de su muerte  .Es decir, más de cuatro años después de apareciera el sarcoma de Kaposi en su espalda y en su mejilla y que le certificaran que era  HIV positivo . Con su púdico silencio se perdió la posibilidad de que la ciencia pudiera avanzar más o que su dinero hubiera servido para algo.

En su ilustrado descargo se presenta como yegua de Troya la fatídica religión . me contó alucinado como fue el funeral , presidido por un sacerdote zoroastra ,con invocaciones a su dios Mazda y con todas las reivindicaciones de los parsis . Aunque por miedo a las represalias , su padre Jer prohibió la celebración de la ceremonia de la Torre del Silencio, habitual en los entierros tradicionales zoroastras.

Freddy siempre ocultó su verdadera fé ,aunque en el último video de su vida, en “These are the days of our lives” ,al borde de la muerte , dio claves de su creencias o quizá de sus recuerdos infantiles cuando fue investido parsi en el templo del Fuego ,en su ciudad natal, Stone Town, en Zanzibar , cuando sólo tenía siete años.

No se sabe donde reposan sus restos. Mary Austin es la depositaria del secreto y le juró a Freddy que jamás lo debía desvelar. Mercury fue incinerado en el West London Crematorium. Mary recogió la urna y se la llevó a  la mansión de Garden Lodge ,donde todavía aún vive con sus dos hijos. Mercury fue padrino del primero, Richard.

¿Qué hizo con las cenizas?. Hay versiones que aseguran de que todavía reposan en el jardín japonés de la mansión. Otra hipótesis es que las esparcieron en Zanzibar. Una tercera conjetura es que se encuentran en cementerio sur de Londres. Pero lo más probable es que Mary esparciera las cenizas justo donde se lo dijo Freddy. Es decir, en las aguas del lago Ginebra ,en Montreaux , muy cerca donde se erige una estatua de tres metros  en su memoria , próximo a su estudio y la casa donde pasó las mejores semanas de su vida , antes de las tres últimas en donde murió ,en su mansión de Garden Lodge ,en Holland Park.

El virus del Sida provocó en Mercury la manida historia de “Jekyll and Hyde”. El primer Freddy que conocí a mediados de los setenta era superlativo, maravilloso, agotador, inventivo. Era el mejor cantante de rock y no le daba importancia. Era un hedonista increíble, insaciable epicúreo. Todavía recuerdo aquella fiesta en Nueva Orleans para la presentación del álbum “Jazz”, con payasos, “freaks” y un medio centenar de camareras en “top less”. Increíble como él mismo.

El Hyde que ví por última vez a finales de mayo del 87, en Ibiza, cuando ya sabía de su enfermedad, era más apagado. Como si hubiera “sentado la cabeza”. Allí cantó por primera vez “Barcelona” con Monserrat Caballé, en la discoteca Ku. Pero nadie conocía su enfermedad. Salvo, su pareja, el peluquero irlandés Jim Hutton.

Hutton ha escrito un libro bondadoso sobre Freddy. Concedió hace poco una buena entrevista al “Times” y no quería pronosticar que sería hoy de Mercury , con más de 60 años. No guarda buenos recuerdos de cómo salió de Garden Lodge ,a pesar de que Freddy le dijo que viviera allí para siempre.

En realidad, las últimas tres semanas fueron una pesadilla y la gran tragedia para “la familia” del cantante. Hutton recuerda que dejó de tomar el famoso medicamento AZT para el Sida . Sólo quería calmantes y morfina. No podía levantarse de la cama y le tenían que cambiar cada tres horas su ropa interior. Hutton recuerda con inmensa tristeza uno de los últimos caprichos de Freddy :poder ver los cuadros que había pintado. Sobre todo, uno de Hendrix, que es su obra maestra. Como estaban en un piso inferior , el cantante no podía bajar por sí mismo. Tuvo que llevarlo en brazos. Freddy no pesaba nada. Se había quedado en la mitad.

Elton John era uno de los asiduos, entre los visitantes amigos a la mansión. “Yo podía estar como Freddy. Horroroso. Y pensar que me he acostado con algunos de los que Freddy se acostaba. He tenido una suerte increíble”, me dijo una vez. Curiosamente, Dave Clark ,el cantante de Dave Clark Five, un grupo de los años sesenta, rival de los Beatles, era uno de los habituales y, desgraciadamente, fue testigo de la muerte de su gran amigo Freddy.

Aquel miércoles, 24 de noviembre de 1991, el doctor Atkinson estuvo con su paciente desde el mediodía hasta las seis y media de la tarde. Sentenció que no duraría ni un día más. Freddy soportaba horribles convulsiones y no podía hablar. Cerca de las siete de la tarde, mientras le cambiaban de ropa, con el último intento en vida del propio Freddy de ponerse con su mano derecha su propio calzoncillo, cayó hacia atrás y murió. Jim y Peter se quedaron inmóviles, pero recuerdan que seguía con los ojos abiertos y una maravillosa luz radiante en su rostro.

No se puede vivir para siempre” recordaba en ocasiones, aunque la canción de era de su compañero Brian May. Aún así, la vida era lo que más le importaba. Como escribió Rohinton Mistry, el poeta parsi: “Así debía cantar Zaratrustra”. Mientras, nosotros siempre cantaremos “We are the champions”.

Abajo, el clip de “Who want live forever?”