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En la puerta de su hotel madrileño, sonríe y me reconoce: ”Sí, claro que mi nuevo álbum, ‘The boy who knew too much’ es un guiño a Alfred Hithcock. Además, mi favorita es la primera ‘El hombre que sabía demasiado’, en blanco y negro, con ese maravilloso actor y personaje que era Peter Lorre. Aunque reconozco que me gustaba mucho Doris Day cuando cantaba… “

Y se pone a tararear “Que será , será”, con esa voz previlegiada , en la misma tonalidad que el original, a veces con la ayuda de su poderoso falsete.

Mika se llama Michael Penniman. Es muy alto, un 1´95 m. Habla a borbotones. Enfatiza. No parece importarle que le llamen el nuevo niño prodigio del pop británico, ya que su “opera prima”, ‘Life in cartoon motion’ se acerco a una venta muy próxima a los siete millones de discos, que es una bendición milagrosa en los tiempos digitales.

[ad#adsense-250×250]Cuando se expresa en español es todavía más latino, con ese corazón mediterráneo que lleva en su sangre. “¿Fenicio?. Sí, claro que soy fenicio, supongo. Toda mi familia es de origen libanés. Y como todos los fenicios tengo una “oreja” muy grande para el español. Es curioso, mi madre nunca ha estado en España y habla el español casi perfecto. Yo, no tanto. Pero lo entiendo absolutamente todo. Es el francés el que hablo perfectamente”.

Su pronóstico de español mediocre no se corresponde ni con su acento ni con su facilidad para expresar incluso frases en español. Pero, como tantos otros, prefiere atrincherarse en el inglés o el puñetero “esperanto” consentido que nos ha tocado vivir.

Mika, que lleva camino de subir a los altares de la popularidad en nuestro país, se impuso como un chico del baloncesto, un deporte que practica a medias. En las dos Eurocopas, primero con ‘Relax’ y hace poco con ‘We are golden’ han resonado con profusión en los medios afines a la selección española. Como si su estatura también ayudara invisiblemente a crear temas para o por el baloncesto.

Otra cosa que quiera hablar de su sexualidad. Acepta las preguntas, “pero no quiero responder en ningún nivel. Soy un artista, un previlegiado. No creo que tenga que estar exponiendo mis caminos sexuales. No lo creo necesario”.

Para muchos, para mí mismo, Mika es el mejor alumno o la mejor reencarnación que le ha salido a Freddy Mercury. “No, no creo que tenga mejor falsete que Freddy. El tenía una voz aguda terrible, formidable.”. No le gusta excesivamente que le recuerden sus imitaciones a veces versallescas  de su ídolo, pero desnuda su pasión cuando reconoce: ”Bueno, mi disco favorito de Queen es el que grabaron en directo para la BBC y, precisamente, no está disponible para la gente, pero es que yo soy un coleccionista especial”.

Propone un nuevo orden en la comercialización de la música: “No creo que toda la culpa de la decadencia musical sea achacable a las grandes multinacionales discográficas. Los medios tienen también mucha culpa. Destabilizan el mercado con tanta jugada estratégica previa, con tanto pre-orden”.

Le recuerdo cuando bajamos hacia la calle, en el ascensor, que componer canciones “tan jodidamente buenas y comerciales” como ‘Grace Kelly’, ‘Relax’ y, ahora, sobre todo, ‘Rain’ no está al alcance de cualquier bocazas del pop basura británico. Resopla satisfecho por la reflexión y se defiende: ”Para muchos críticos eso significa prostituirse. Yo no lo veo así. Definitivamente, no”. Se para y se despide. Iba camino de que le convirtieran en una hormiga, en ese conocido programa televisivo.

Abajo, la gran ‘Rain’, en directo.
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