De las entrañas del boogie-woogie y el jump blues, Antoine Dominique Domino Jr acabó por convertirse en una de las mayores estrellas del rhythm and blues y del incipiente rock and roll, ya desde aquel “The Fat Man”, grabado en diciembre de 1949 y publicada por el sello Imperial en febrero de 1950.

A partir de “Ain´t That a Shame” de 1955,  – por los pianistas Fats Waller y Fats Pichon–  trascendió las listas R&B y se metió de lleno en lo alto del mainstream pop. Fue la primera de una serie imbatible de hits 55-57: “I´m In Love Again”, “Blueberry Hill”, “Blue Monday” o “I´m Walkin´”.

El gran momento del auténtico “King Creole”. Elvis le llegó a proclamar como “el verdadero rey del rock and roll”. 

A partir de ahí su sombra, como la de otros grandes del rock & roll, comenzó a alargarse en las siguientes generaciones.  Sin ir más lejos, en el grupo que dominaría la década siguiente y arrebataría a los Estados Unidos el centro de la atención pop: The Beatles.

Fats estaba en el selecto grupo de admirados del cuarteto de Liverpool, como Chuck Berry, Little Richard o Buddy Holly, pero de ellos editaron versiones y, por alguna razón, del orondo cantante de Nueva Orleans no. Cosa que quedó subsanada con “Lady Madonna” en 1968, un homenaje claro y diáfano a la música de Fats Domino.

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Los Fab Four tuvieron ocasión de conocerle personalmente en septiembre 1964 estando de gira en USA, cuando tocaron precisamente en Nueva Orleans, en el City Park Stadium. Los Beatles no se querían marchar de allí sin conocer a Fats.

Y eso ocurrió un día después del concierto sold-out que dieron ante 12.00 personas. Fue tal el éxito que los organizadores lograron sacarles otro show para el día siguiente por 150.000 dólares (6 veces el caché por concierto del grupo) con lo que los Beatles tendrían 24 horas más en la ciudad.

Fue otro músico de Nueva Orleans, Clarence “Frogman” Henry (“Ain´t Got No Home”), que abría para ellos, el que preparó el encuentro. Finalmente localizaron a Domino, “comprando comida en una tienda o algo así”, según contó Paul McCartney.

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Domino y su mánager Bob Astor fueron llevados a un trailer situado en el backstage del escenario del concierto. Allí, la banda y Domino departieron alrededor de una hora, haciéndose fotos y cantando un poco juntos, según aseguró

McCartney luego recordó ciertos detalles de Domino:

“Tenía un reloj de diamantes muy grande en forma de estrella, cosa que resultó muy impresionante”.

Cuando a Domino le preguntaron si conocía a los Beatles, respondió: “No, ellos querían conocerme”.

Pero la reunión fue de lo más amigable, y los Beatles le causaron una grata impresión.

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Pasaron los años, y en momentos en los que la música pop de los 60´s se estaba complicando demasiado, algunos de los grandes recularon y volvieron atrás. Get Back.

Beatles y Rolling Stones, hartos del empacho psicodélico, volvieron a las fuentes originales del rock y del blues, a Chuck Berry, John Lee Hooker, Muddy Waters y, como no, a Fats Domino. No en vano, 1968 fue el año de “Lady Madonna”, “Back In The USSR” y “Revolution”, de “Jumpin´ Jack Flash”, “Street Fighting Man” y “Stray Cat Blues”.

“Lady Madonna” fue un extraordinario homenaje a Nueva Orleans y a la música de Domino en concreto. Paul contó los sentimientos de una chica trabajadora a lo largo de su semana laboral. Se basó en la extraordinaria ”Blue Monday” de Fats, editada en 1956.

Según recordó McCartney en los ochenta:

“Encontré a ‘Lady Madonna’ sentado en el piano tratando de escribir un blues estilo boogie-woogie, rápido y bailable. Por alguna razón me recordó a Fats Domino, así que comencé a cantar imitándole. Esa otra voz me llevó a un lugar muy extraño”.

Como todos los buenos maestros que aprenden de sus discípulos, Fats se dio por aludido y en su LP de ese año “Fats Is Back” hizo una estupenda versión del tema – como no podía ser de otra manera, era su música- y otra interesante de “Lovely Rita” de “Sgt Peppers”.

Pero lo mejor estaba por llegar porque en 1969 se atrevió con la explosiva e histérica “Everybody’s Got Something To Hide Except Me And My Monkey” del doble blanco de los Beatles.

Relectura con tempo decelerado, llevada con elegancia a su terreno, convirtiendo lo rígido en elástico. Buena y debida apropiación.

Posteriormente George Harrison confesó que  “I’m in Love Again” fue la primera canción de rock ‘n’ roll que escuchó, y “Ain´t That a Shame”, la primera que aprendió a tocar.

Lennon incluyó la segunda en su disco de versiones de 1975, “Rock´N´Roll”, y Paul en el suyo “Choba b CCCP” a finales de los ochenta y en el posterior directo “Tripping The Life Fantastic”.

Curiosamente, hace ocho años Paul hizo con Ringo Starr y Klaus Voorman una versión de “I´m In Love Again”, para “A Sideman’s Journey” de Voormann & Friends.

Dos canciones que Harrison citó como su hora cero del rock and roll, pero que los Beatles al completo compartían y amaban.