El miércoles 21 de mayo de 1997, interpretó tres canciones en el Beverly Hilton Hotel a beneficio del Simon Wiesenthal Center. Nunca dejaba de ser un buen judío y colaboraba en todo lo que podía o se necesitara. Aquel día empezó a tener unos fuertes dolores de espalda, “intolerables”, como él mismo calificaba. Creyó que se trataba de cansancio, de su anómala, viciosa e irresponsable manía de estar continuamente de gira. Antes de seguir con su ronda de actuaciones, una gira con su viejo amigo Van Morrison, Dylan decidió tomarse libre el fin de semana en Shangri-La, en su casa de Malibú, en Los Ángeles.

dylan1

Tres días más tarde, el sábado 24 de mayo, el genio de Minnesota cumplía 56 años. Ese día, su hija Maria Lownds llamó a ‘papá’ para invitarle a una fiesta de cumpleaños organizada en su honor. Maria era la hija que su primera esposa, Sarah, había tenido durante una relación anterior a Bob. No dudó en adoptarla. Maria además estaba casada con el músico de Minessota Peter Himmelman y era la única de sus hijos que vivía en Los Ángeles. Maria no tenía nada que ver con la sangre de Bob, pero siempre era la más cariñosa con él.

Durante la fiesta, Maria vio a su padre taciturno, no tenía buena cara y apenas pronunciaba palabra. Ella se asustó y le preguntó si se sentía mal. Su padre le replicó que sufría dolores de espalda que a veces le dejaban doblado, pero que le había reconocido un médico y le había diagnosticado que no era importante.

La historia de ese médico fantasma es probable que se la inventara el propio Dylan. Maria fue más resolutiva. Cogió el teléfono y llamó a un médico amigo en UCLA, la Universidad de California, en Brentwood. Bob se puso al teléfono y le describió al doctor los síntomas que padecía. Inmediatamente, dictaminó que Dylan debía de ingresar en el hospital. Efectivamente, el domingo 25 de mayo, Bob Dylan, con dolores insoportables en la espalda, ingresó en el St. John’s Hospital de Santa Mónica. El Espíritu Santo le llamaba a las ‘puertas del cielo’.

descarga (5)

El corazón vírico de Bob

El doctor David Pegues, especialista en enfermedades víricas, tras los análisis de sangre y las radiografías de pecho y espalda dijo que se trataba de una pericarditis, una inflamación del saco que acoge al corazón. Afortunadamente, no había sufrido ningún ataque al corazón. Pero Dylan respiraba con mucha dificultad y el dolor, ese dolor en la espalda, no lo podía casi aguantar, como no fuera con medicación muy exagerada.

Sufría histoplasmosis, una infección micótica que Dylan podría haber cogido en el río Missippi. Dylan era muy aficionado a recorrer kilómetros y kilómetros por el Sur de los Estados Unidos en su Harley Davidson. Una motocicleta parecida a la de su famoso accidente en Woodstock, que casi le costó la vida. Le volvía loco montarse en su caballo de acero como si fuera un caballero andante.

En uno de esos días, un día con neblina, tras una tormenta, Dylan respiró la esporas de un árbol que produce esa problemática infección vírica. La suya. Bob estaba convencido de que estúpidamente uno de esos días de ese maldito mes de abril había respirado esas terribles esporas que le tenían al borde de la muerte en aquella habitación de la última planta del hospital de Santa Mónica. Se había registrado con el nombre de Jack Frost, un alias que utilizaba para la producción de sus discos.

18th-Street-Coffee-House-Modern-Family-8-of-10_thumb

La cafetería de Dylan en Santa Monica

El mánager de Dylan, Jeff Rosen, mandó a las estrellas de la música americana las canciones que después formarían parte de ‘Time out of mind’, para que las grabaran por si el músico fallecía.
La noticia fue guardada como un maldito secreto de estado. Sólo cuatro días más tarde, el sensacionalista ‘USA Today’ publicó con tono alarmista que Bob Dylan había sufrido una infección casi fatal para su salud. Su publicista anunció que se suspendía la gira por Europa hasta nuevo aviso. La gira tenía que haberse iniciado el 1 de junio en Cork, en Irlanda. Dylan pasó una semana en el hospital de Santa Mónica. Una semana que él mismo definió como “la semana del infierno”. Los días en que creyó que tocaba el fantasma negro de su muerte con sus propios dedos.

Dado el secretismo de todo lo relacionado con Dylan, los periodistas creyeron que se encontraba en tratamiento en un hospital en Nueva York. Jeff Kramer, en aquellos días su mánager, no se comportó de una manera digna. Esparció la posibilidad de que Dylan jamás pudiera recuperarse. Junto con el dueño de la editorial de la canciones de Dylan, Jeff Rosen mandó a las grandes estrellas de la música americana algunas de las canciones que Dylan había grabado en enero, en los estudios Criteria, junto con Daniel Lanois: los temas que luego configurarían el álbum ‘Time out of mind’. Querían que las inmortalizaran ante la posibilidad de que Dylan desapareciese, como un tren en un oscuro túnel de una sola vía hacia el infierno.

Bob_Dylan_-_Time_Out_of_Mind

Canciones póstumas

Los publicistas y editorialistas ofrecieron a los más importantes artistas la posibilidad de grabar algunas de esas canciones inéditas, que podía considerarse como únicas, extraordinarias y que podían convertirse incluso en póstumas. ‘Make you feel my love’ es la que más gustó a cierta comunidad de artistas. Primero la grabó Billy Joel, por si Bob se moría. Hasta hizo una versión excelente, quizá la mejor, el rey de la música ‘country’ Garth Brooks. Finalmente, 15 años después, la versión casi perfecta y que fue un rotundo éxito la protagonizaba la cantante inglesa Adele.

Pero Dylan, efectivamente, no se murió. El 4 de junio, los médicos le dieron el alta y le dejaron en ambulancia en Shangri-La, una propiedad que finalmente vendió al productor Rick Rubin. Bob vive ahora en Rainwater Street, una casa todavía más al norte de Zuma Beach, una mansión difícil de encontrar y empinada en una colina, con una cúpula extraña, como de iglesia rusa ortodoxa.

images (2)

Su casa en Rainwater, con cúpula ortodoxa.

Bob Dylan firmó un comunicado oficial. En él decía que “se sentía bastante mejor” y que se había asustado mucho. Incluso “creí que me iba a reunir pronto con Elvis”, decía, en un coro celestial que le recordaba a la muerte de Billy the Kid en la película de Sam Peckinpah, con su sensacional “Knock, knock, knockin’ on Heaven’s Door”.

Los doctores decretaron que todo el mes de junio estuviera sin hacer nada, absolutamente nada. Dylan solía ponerse en el porche de su casa a leer libros. Sobre todo novela contemporánea. Pero su gran ‘hobby’ eran las visitas a una cafetería en Santa Mónica. Le encantaba las viejas sillas y el viejo ‘juke box’ que había en el local, repleto de viejos discos. Esa ‘coffee house’ le recordaba mucho a aquellas a las que acudía en el Village neoyorkino a comienzos de los años 60.

Bob Dylan se compró la cafetería. Y todo el edificio en que se encontraba. Él era su propietario y su mejor cliente. La ‘coffee house’ se encontraba en la calle 18 de Santa Mónica, un tanto alejada del bullicio de las tiendas y los alrededores de la playa de Santa Mónica. Dylan rellenó el ‘juke-box’ con las canciones que le dio la gana, como ‘Sh-boom’, de The Chords, a los que idolatraba, o el ‘Maybeline’ de Chuck Berry. En realidad, se había comprado todo el complejo de tiendas y lugares de recreo en el Broadway de Santa Mónica. En el edificio había hasta un gimnasio que visitaba para hacer bicicleta.

Nada menos que tres meses después de su enfermedad (el 3 de agosto), Bob Dylan reapareció en un concierto en Lincoln (New Hampshire) como si fuera un candidato a presidente de las elecciones americanas. Dylan tomaba pastillas tres veces al día. Sufría todavía de enormes dolores de cabeza y a veces se sentía confuso y con mal tono físico, como atontado. Dylan dormía mucho, por obligación, por la medicación.

descarga-37

Cantar para el Papa

Como había tocado a las puertas del cielo, el compositor se creía que estaba más cerca de Dios. Dicen que incluso rezaba padrenuestros. En cualquier caso, dado que iniciaba una gira en Europa, su fiel Jeff Rosen contactó con el Vaticano. Dylan quería conocer personalmente al Papa Juan Pablo II y que le diera su bendición. Así de sencillo. Como para estar más cerca de Dios, tras haber visto también las puertas dantescas del infierno. Al Vaticano le vino maravillosamente que Dylan pudiera actuar en el Congreso Mundial Eucarístico, en la ciudad de Bolonia, donde nació la salsa boloñesa y su famosa mortadela. Dylan le dio muy religiosamente la mano al Santo Padre y tuvo unas pocas palabras con él.

13853862599266

Aquel día, el 27 de septiembre, Dylan hizo una versión de ‘Knockin’ on Heaven’s Door’ frente al representante de Dios en la tierra. El Papa parecía que se dormía durante la actuación. Pero en cambio, en su homilía ante unas 200.000 personas, utilizó algunas frases de ‘Blowin’ in the Wind’. El Papa hizo esta referencia: “Tú crees que la respuesta está soplando en el viento. Pero es el viento quien da el soplo a la vida y al Espíritu Santo. Es la voz que llama y de dice ‘Ven'”. Dylan parecía que había escrito parte de la letra de una de sus mejores canciones para la perfecta interpretación de Juan Pablo II, aquel día, en Bolonia.

‘Time out of mind’ era mucho mejor álbum dado el nivel de sentimentalismo y la compasión que había surgido al pensar que Bob, efectivamente, podría haberse reunido con el Rey del rock.
Tres fechas más tarde, mientras Bob todavía estaba en Europa, aparecía en todo el mundo su nuevo álbum, al que había titulado soberbia y genialmente como ‘Time out of mind’, algo difícil de traducir, pero que sonaba como ‘Algo inmemorial’. Daniel Lanois, el productor del disco, había modificado muy poco aquellas fantásticas sesiones en directo del mes de enero en Miami. Los críticos le dieron al álbum un sobresaliente inmediato. Elvis Costello hasta dijo que era el mejor álbum de toda la historia discográfica de Bob Dylan. El disco ganó tres Grammys: uno al mejor álbum, otro al mejor álbum de folk y, finalmente, otro por la interpretación de Dylan en ‘Cold Iron Bounds’.

Era como si de repente hubiéramos caído en la cuenta de que podíamos haber perdido a Dylan. Jamás habíamos apreciado lo importante que Dylan era para todos nosotros. ‘Time out of mind’, por tanto, era mucho mejor álbum, dado el nivel de sentimentalismo y la compasión que había surgido en todos nosotros porque Bob, efectivamente, hubiera podido haberse reunido con Elvis.

Incluso con tanto amor y consideración, apareció por segunda vez la candidatura al Premio Nobel de Literatura. Fue el año en que ganó José Saramago. Bob Dylan dijo que él no era un poeta, sino otra cosa. Además, irónicamente, aseguró que no tenía nada que ver con ese señor Nobel, que había inventado la dinamita.

Pasado el gran susto, lo cierto es que Dylan quería hablar con todo el mundo. Concedió más entrevistas que durante los últimos 20 años. A finales de agosto dialogó con Nick Kreven en Virginia. También con Edna Gunderse, del ‘Usa Today’. Otra conversación más con John Pareles, del New York Times. Y finalmente con su ‘amigo’ Robert Hilburn para ‘Los Angeles Times’. Aunque la más famosa fue con David Gates en un hotel de Santa Mónica, y sirvió como historia de portada para el ‘Newsweek’, bajo el título “Dylan Lives” (Dylan vive).

Efectivamente, Bob Dylan volvía a vivir. Incluso después de haber visto a Elvis en el cielo. Pero también sabemos que sólo se vive dos veces, aunque es posible que, como la gata Isis, Bob tenga en realidad siete vidas.

isis-big