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La muela del poco juicio.

Como si fuera el título de una película de Serie Z sobre un loco científico que aspira a dominar el mundo a través de ADN clonado, pero el titular es rigurosamente cierto.

El pasado mes de agosto informábamos en Plásticos y Decibelios de las aviesas intenciones del Doctor Zuk (buen nombre) de intentar clonar a John Lennon a través del ADN de uno de sus dientes.

Ahora parece que el dentista no se conforma con eso y ha revelado en el programa “Dead Famous DNA” de Channel 4 que el final de su trama consiste en clonar a John Lennon para que el monstruito resultante sea su hijo…  Y se ha quedado tan pancho.

El doctor Zuk, que vive en Alberta, Canadá, se gastó 20.000 libras esterlinas del ala en la muela del juicio de Lennon hace dos años. Ahora parece haber perdido el idem y está haciendo unas declaraciones tipo Doctor Maligno esperando recibir ansiosamente a su “mini-yo”:

 “Podría ser un duplicado exacto, pero ¿sabe? esperemos mantenerlo alejado de las drogas y cigarrillos, ese tipo de cosas.”

“Pero ¿sabe?, las clases de guitarra no hacen daño a nadie ¿verdad?”.

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El mundo visto por el Doctor Zuk.

Mr. Flanders, perdón, Mr. Zuk además ha dicho que el clon podría presentar en el futuro una reclamación a los herederos de Lennon, para pedir lo suyo. La pera limonera. Como las maracas de Machín.

“Yo no lo haría ¿sabe? querer apropiarme de sus bienes. Él tendría el derecho cuando fuera lo suficientemente mayor para hacer una reclamación”.

O sea que en la perversa mente del Doctor Zuk, el objetivo es crear un clon de John Lennon para que éste se haga con el dinero del ex beatle. Refinadamente maquiavélico.

El dentista incluso ha sugerido que podría clonar Lennon varias veces. “Bueno, si funciona una vez podrá hacerlo más ¿verdad?”. Aunque se empeñe de momento no puede hacer nada, pero en un futuro ¿quién sabe?

Mister Zuk es otro locatis más fan de los Beatles, del ala “radical”. A esos que tanto temía Lennon. “Maníacos con los símbolos de la paz a cuestas”, así los definía. Se le plantaban en su casa cada dos por tres, y a Lennon no le hacía ni pizca de gracia, por algo sería. En diciembre de 1980 caía cosido a balazos por uno de esos fans de los Beatles, un pobre hombre, ni siquiera un loco, con una lectura muy mal digerida de “El Guardián entre el Centeno” de J.D. Salinger. 

¿O Mark David Chapman era algo más que un simple fan-pasmarote de los Beatles? ¿Era el pelele de alguna organización? ¿Había algo más detrás? De todo se ha dicho, pero nada ha podido ser demostrado.

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Ni siente ni padece.