Hoy, que Richard Penniman, más conocido como , cumple 84 años recuperamos el insólito encuentro en un avión entre la leyenda del rock and roll y Julián Ruiz.

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A mitad de los años setenta, algunos promotores, por ejemplo, en Benidorm, para sus enormes discotecas, incluso contrataban a leyendas como Little Richard.

Yo me quedé perplejo de su actuación en Benidorm. Claro que cuando lo ví estaba en sus cuarenta años. No tiene nada que ver con su situación actual, con la imbecilidad de la salud , que le ha dejado en una silla de ruedas.

A la mañana siguiente, naturalmente, tomaba un avión desde Alicante hasta Madrid. Y lo que ocurrió no me lo podía creer. Yo viajaba en las filas de atrás del avión. En aquella época no te asignaban asiento y uno había entrado muy tarde.

Tardábamos en despegar y, de repente, por la parte de atrás, entra un impresionante Little Richard con capa y un traje plateado y se sienta en la cabina justo a mi lado,porque tampoco había otros sitios libres. Sinceramente, estaba estupefacto.

Aunque eran sólo las once de la mañana iba maquillado como un vieja señora, hasta los labios con un poquito de carmín. Jamás le dije que era periodista o cosa semejante.

Sin embargo, no desaproveché la ocasión y le entré fácil:

-Vaya marivilloso show, en Benidorm.

-¿Te gusta?. Estuve fenomenal, maravilloso- hablando como una loca, atropellando las palabras,muy histérico-

-¿Es la primera vez que visitas España?.

-Sí, creo que sí. Pero no he podido ver nada, ja. Nada . Sólo el sol, mucho sol en España. Mi ilusión es ver una corrida. No sé si habrá tiempo. llego a Madrid y me marcho a Londres.

– Siempre me acuerdo de Little Richard, porque uno de los mejores libros de música lo escribió Nick Cohn, con una frase de Tutti Frutti”.¿Lo conoces ?.

– No , no lo conozco. Pero, que bien. Yo soy inmortal , mis canciones son diferentes al resto.

-¿Te gustó que Paul Mc Cartney dijera que tu eres su ídolo?.

-Los Beatles son muy guapos, mi chicos preferidos.

Todo el tono del vocabulario era muy remarcado. Casi hablaba como un “travestí”, con una personalidad increíble. El resto de la conversación fueron lugares comunes.

Y empezó a cansarse de que le hiciera tantas preguntas. Así que paré. En tres cuartos de hora llegamos a Madrid y todo el mundo lo miraba. Pero seguro que salvo unos pocos sabían que era Little Richard. Todavía vivía Franco, creo.

Little Richard Performs At Piano

Lo cierto es que cuando Little Richard irrumpió en la escena musical de los años cincuenta ya nada volvió a ser igual. Su insólita imagen, su voz inimitable y su salvaje piano, liberaron de sus inhibiciones a millones de jóvenes, negros y blancos.

Sus actuaciones eran tan explosivas que nadie pensó que el hombre de carne y hueso podía llegar a ser tan fascinante como su figura pública. Nadie como Richard Wayne Penniman, su verdadero nombre.

Sin ahorrar detalles sobre su indomable infancia y adolescencia en un pueblo del profundo Sur, su apabullante vida sexual, su relación de amor/odio con el rock’n’roll o sus problemas con las drogas, Little Richard ofrece un fidedigno retrato -a ratos crudo, a ratos hilarante- del Melocotón de Georgia.

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La personalidad de Richard, tan libérrima y compleja como arrolladora, consiguió pulverizar todos los tabúes raciales y sexuales de la época hasta convertirse en la fuerza primigenia del rock’n’roll. Elvis Presley se refería a él como “el más grande”. Otis Redding lo describió como “mi inspirador”. James Brown lo consideraba su ídolo. Bob Dylan dijo que nunca se cansaba de escucharle y Paul Mc Cartney aseguró que era su ídolo.

Es el eterno Little Richard.