Cuando estaba en Los Angeles, en el mes de febrero y no entendía que Dido se hubiera negado a cantar con A.R. Rahman el manífico tema que estaba nominado al Oscar, un ejecutivo de Universal me dijo que Dido estaba embarazada y que eso era imposible.

Y que ya le habían logrado la sustituta perfecta al hindú que es actual miembro del supergrupo Superheavy. La elegida era Florence Welsh o Florence and The Machine, la nueva y estrepitosa Kate Bush. Y pensé que bien elegida estaba. Florence es un torbellino.

A punto de estrenar su segundo álbum,  está empeñada en que ese álbum se convierta en su  gran candidatura como la nueva gran dama del pop vanguardista.

Pero la promoción tiene que ser sorprendente y especulativa. Esta vez, ha girado por lo esotérico. Dice Florence que ama a  los demonios, al exorcismo y que todo sus músicos iban a grabar con vestimentas especiales que apreciaban el sexo, la violencia, el amor, la muerte y todos los tópicos de Halloween. Su colaboradora ha sido su vieja amiga Isabelle Summers.

Pero uno confía más en el talento de su productor, el magnífico Paul Epworth, un extraordinario músico que ha logrado que Adele, Ce Lo Green y Plan B sean algo más que unos cuerpos llamativos.

La voz estará con la maravillosa voz del demonio de Florence, una exquisita perfeccionista, pero el talento estará en el exorcismo de Paul, evidentemente.