La última vez que estuve con Roger Waters fue en Sotogrande , donde de vez en cuando se pasa largas temporadas, jugandol al golf, que es una de sus grandes pasiones.

Waters forma parte del clan de la aristocracia de los músicos ingleses que utilizan Gibraltar como paraíso fiscal. Eso se dice.

Hemos discutido muchas veces sobre The Wall. La más apasionada fue en el hotel Alfonso XIII de Sevilla, a propósito de una última remasterización y con el aniversario de los 30 años del álbum.

Le dije que prefería el Roger Waters, de “Atom Heart Mother”, de “The Body” y,desde luego, el Waters de “Money”.

Pero me trataba de convencer que la historia de The Walles uno de los mejores guiones musicales que se han escrito sobre  alegatos antibelicistas y que siempre perdudará.

Cuando se dió cuenta del fracaso que suponía  su opera “La Ira” sobre la revolución francesa, un trabajo improbo que le llevó más de veinte años, se convenció de que tenía que centrarse en The Wall.

Estuve en Earls Court, en Londres, en 1980, para ver dos  de las representaciones de “The Wall”, con los autenticos Pink Floyd.

Puede que el espectáculo fuera naif, con algunos fallos especiales por culpa de como se ponían los ladrillos, pero el sonido cuadrafónico, la representación era sencillamente especial, mágica, un tanto impresionante.

El pasado sábado estuve en el Palacio de Deportes de Madrid y ví lo que Roger Waters considera su Muro actual. No deja de  ser un espectáculo increíble, espectacular. Pero me recuerda más a un guiño al Cirque du Soleil, a un espectáculo de Las Vegas.

Roger Waters se ha equivocado. O quizá no.  Es posible que quiera recuperar el dinero que Pink Floyd perdieron a comienzos de los años ochenta, cuando llegaron al borde de la ruina y tuvieron que vender hasta Britannia Row. Aunque “The Wall” y sus representaciones no les arruinaron. Fueron las malas inversiones con sociedades de capital riesgo. Para que todo se sepa.

“The Wall” de Roger Waters ya no es “The Wall” de Pink Floyd.

El Muro de Waters es un circo, en el que él mismo descubre sus miserias. Como nunca ha cantado mucho, usa seis cantantes. Apenas toca el bajo y se pone sólo a animar a las masas, con sus brazos. Me resulta patético que Waters haga ahora esto.

No soporto volver a las segundas partes. Es un revisionismo histérico y falso, porque la obra no es completamente de Waters. Es propietario del concepto, pero las dos mejores canciones son ‘Comfortably numb' y ‘Run like hell' y son de , de lo poco que le dejó al guitarrista. Incluso rollo de la música disco, el cuatro por cuatro de ‘Another brick on the wall' y la idea del coro de los niños fue  de Bob Ezrin. En fín, que cada palo aguante su vela.

Abajo ‘Comfortably Numb' con David Bowie y Dave Gilmour.