Reconozco que por mucho que quiera abarcar todo el globo y su musica, tengo inclinación hacia la música anglo-sajona, lo cual comporta la injusticia de no estar pendiente de un país vecino, tan cercano como Portugual.

Ese científico amante de la música que es Jose Ramón Cuesta de Universal Music me dijo muy serio que quizá había pasado por alto la calidad, el talento de un creador luso llamado David Fonseca. Y lo repitió Maribel Plata.

Tenían razón. He llegado tarde a Fonseca, pero he tomado el tren del cuarto álbum del artista de Leiria. Se llama “Beteween waves” y es un álbum repleto de sorpresas. De inteligencia musical, de canciones, de una sónica independiente de la perpetua dictadura anglo-sajona.

Y, que voz. Indefectiblemente es como un Scott Walker, pero en tono ibérico. Esa voz grande, potente, grave, como si el genial Walker se hubiera transformado en Fonseca.

Sólo falta escuchar ‘A cry for love'. Impresionante canción, con un ritmo demoledor, como ‘The Magnificent Seven', de The Clash, tan excitante como ‘Warevolves of London', pero una melodía maravillosa. Sensacional tema.

[ad#adsense-250×250]Anoche estuvo actuando en Madrid. No quiso perdermelo. Metido en una estructura escénica muy interesante y valiosa, Fonseca toca la guitarra, canta, se envuelve en su propioa magia, en la magia de un artista.

Siento decirlo, pero no existe en España un artista de la significación, de la calidad de Fonseca. Nos hemos quedado en música en la cola de Europa.

Luego, si le conoces, Fonseca es inteligente, humilde como las personas con gran talento. Y, efectivamente, nos confirmó lo que suponíamos: es un enorme fan de Scott Walker. Tanto o más como lo pueda ser uno mismo. Pero no se preocupe que le pasaré la película sobre el cantante que produjo su fan número uno, David Bowie.

En cuanto a la irrepetible fuerza lusa en Madrid, con Ronaldo, con Mourinho, David nos confiesa su endémico odio por el fútbol. Y nos contó una anécdota divertida. Una vez en un aeropuerto se encontraron Mourinho y David. Se conocen perfectamente. Y ni se saludaron. No se hicieron los lusos, sino los suecos.

Es nuestro nuevo monarca musical y es portugués.

Abajo, la impresionante ‘A cry for love'.