En su redentor camino hacia el sendero de la popularidad, han cometido un error gravísimo. Como las ventas de “Mylo Xyloto” no acaban de arrancar y menos en Inglaterra, aceptaron la trampa saducea de participar en la final de Factor X, el asqueroso “stupiduty reality” de Simon Cowell, un pájaro de mucho cuidado.

Claro, vieron más posibilidades de vender discos con una intervención en Wembley, en un programa que tiene muchísima audiencia, como en todas las sociedades actuales adormecidas o drogadas por la televisión. La carrera de los tontos como los llamó Kate Bush. 

Y, entonces, Cowell se tiró al cuello de ellos. Si Coldplay aceptaban tocar en la final, tenían que hacer duetos con los tres finalistas, que “los pobres son muy fans de Coldplay “, decía Cowell. Trampa espectacular.

Como, naturalmente, Coldplay se han  negado a hacer los duetos, se ha armado buena en el Reino Unido. Coldplay, de heroes, han pasado a villanos incorregibles que no quieren ni ayudar a esos pobrecitos aspirantes a profesionales. Una acción de terrorismo sentimental.

La trampa a Coldplay ha sido monumental. ¿Como se dejan atrapar por los cebos de un personaje detestable como Cowell?.

La avaricia rompe el saco.