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Nunca se le podrá agradecer a lo suficiente el personaje que creó a mitad de los 70, inédito, fuera de los estereotipos del rock and roll que se estilaba entonces. Precisamente fue su peculiar estereotipo del sueño americano aplicado al rock, en unión a la antena parabólica de Brian Eno – capaz de recibir las más lejanas frecuencias- lo que le hizo avanzar. Y surgió esa fantasía del rock que fue , la banda pop británica más influyente de la década de los 70.

Unos Roxy Music que deberían haber sido Roxy a secas (como el legendario teatro de Hollywood) si se lo hubiera permitido Bob Segarini. Pero no hubo tu tía, Bob ya tenía registrado ese nombre y tuvieron que añadirle el molesto “Music” final. Por desgracia el fino, magistral, David O´List no cuajó como guitarrista y Ferry tuvo que conformarse con el no menos grande Phil Manzanera. Andy Mackay completó el “núcleo duro” de un grupo que sorprendió a toda InglaterraEuropa.

Ayer en la Riviera de Madrid, con muy buena entrada pero sin llegar al lleno, pudimos contemplar un “Roxy Revisited” entrañable pero venido a menos, entre otras cosas por el mal sonido. Y Ferry – chaqueta estampada, todo glamour- va muy justo de voz, son ya 68 años y lejos quedan aquellos agudos gorgoritos de los años 70.

El set-list fue muy parecido al del pasado fin de semana en Glastonbury. Un arranque poderoso con varias canciones del primer álbum de su vieja banda: “Remake Remodel”, “Ladytron”, “If There Is Something”, mezcladas con los temas más conocidos de Ferry en solitario de los 80, “Kiss & Tell” y un “Slave To Love” que hasta Willy Deville, en las postrimerías de su carrera, versionó e hizo suyo.

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Sin embargo la parte central decayó con una selección de repertorio no muy afortunada (¿de verdad era necesario hacer “Tara”, a pesar de la atractiva presencia de la saxofonista Jorja Chalmers?) sumiendo al respetable en un sopor no por agradable menos soporífero. Alternó un “More Than This” lento, un poco cataplasma, con joyas del calibre de “Take a Chance With Me”, “In Every Dream Home a Heartache”, o, uno de los puntos álgidos de la velada, una gran interpretación de “Avalon”, con las dos coristas dando un espectacular contrapunto a Bryan.

Pero lo mejor vino al final cuando Ferry desenterró algunas de las más preciadas joyas del repertorio Roxy, “Love Is The Drug”, “Virginia Plain”, “Both Ends Burning” o “Editions Of You”, algunas de sus canciones más fuertes e intensas. Y el poderoso Rhythm & Blues de “Let´s Stick Together” (abajo vídeo del pasado domingo en Glastonbury), un viejo número de Wilbert Harrison, el intérprete original de “Kansas City”.

Ferry va arropado de una banda joven en la que destaca la tremenda batería Cherisse Osei y el guitarrista solista Jakob Quistgaard. Un buen grupo que no hace olvidar a otros pasados de Bryan, con Chris Spedding -el hombre ubicuo- al frente. En la memoria de muchos aficionados queda su actuación en el Cuartel del Conde Duque en julio del 2002, un concierto superior al de ayer y con espectacular pase de modelos incluido. Bryan Ferry venía esta vez más espartano, más justo.

“Jealous Guy”, de su admirado John Lennon, sirvió para rematar la faena (hubiera sido mejor “A Hard Rain´s Gonna Fall”). Fuera quedaron “Mother Of Pearl”, “Trash”, “All I Want Is You”, “The Same Old Scene”, “Do the Strand”, “In Your Mind”, o, una debilidad personal, “I Thought”. Imposible repasar entero un repertorio tan granado y que por un segundo, sólo por un segundo, se antojó ligeramente desaprovechado.