El "Boss" , ayer tarde, en París , a las puertas del teatro Marigny, antes de la rueda de prensa para casi 200 periodistas

Algunos periodistas británicos no han hecho más que meterle perdigones al reconociblemente político , que quiere seguir en el alambre de una política nacionalista y de izquierdas norteamericana, aunque  su discurso político deja mucho que desear.

Springsteen eligió París. Los americanos todavía tienen la visión de que la revolución gala es el mejor escenario para presentar un álbum político -no se lo cree nadie- como “Wrecking Ball”. No se dieron cuenta que la noche anterior Sarkozy había levantado el dardo de su re-elección.

Por ejemplo, en la rueda de prensa del teatro Marigny, que parecía un lugar tomado por la CIA y repleto de  un secretismo estúpido, el que impone el ahora también otro irreconocible John Landau, el manager y éx- periodista.

Es la doble moral que soporta desde hace unos años la mitología de Springsteen. Por una parte es un artista de culto y, por otra parte, es como una insoportable estrella de Hollywood. Dicotomía insufrible.

No me interesa la versión política de este buen hombre, muy patriota, eso sí, que hace un discurso sobre su nación hegemónica. Me interesa el Springsteen de sus grandes canciones. Y este “Wrecking ball”, por mucho que lo envuelva en su raiz izquierdista de la hoz y el martini, no es Born in the USA. Ya le gustaría. No lo puede ser con 62 años, cargado de hijos y de millones.

Hace muchos años que decidió no jugar esas cartas.

Bueno, pero el mayor disparate es  lo de un presentador estúpido en El Periodico de Catalunya, de maníaco peligroso. Dice que le ha hecho una entrevista cuando fue una rueda de prensa para casi doscientos periodistas.