Hoy hace ocho años salió el álbum Christmas in the heart y es este es el artículo de Julián Ruiz:

se ha atrevido a grabar su primer álbum de villancicos –“Christmas in the heart” (Sony Music) -, canciones de navidad, clásicas en el mundo anglosajón. Se trata de una ceremonia más del desconcierto “dylaniano”, como cuando le dio por contar chistes surrealistas, entre canción y canción, en su conciertos de los años noventa.

Dylan quiso encontrarse con el mundo tradicional de , Walt Disney, las hermanas Andrew e incluso Ray Coniff. Como si hubiera querido dar por finiquitada su perpetua pelea contra su propia leyenda. Al borde de los setenta años, como su recientes discos, expone humor, ironía, piedad humana. Ha llegado a la conclusión de que la vida no puede tomarse tan en serio, al fín y al cabo.
En diciembre del 2006, en su programa radiofónico Theme Time Radio Hour, Dylan  hizo un especial de canciones navideñas.  Irónicamente , incluyó una versión de “Must be Santa” del grupo tejano dedicado a las “polkas”, Brave Combos, publicada en 1992 en el álbum “It´s Christmas, man”. Desde ese momento Dylan empezó a imaginar su primer álbum de villancicos. Sólo faltaba darle forma. Ahora, “Must be Santa” es la canción estrella, con un delirante video-clip, donde increíblemente hasta el propio Dylan aparece vestido de papa Noel. No se lo pierdan. Como tampoco su esperpéntico acento “hawaiano” en “Christmas Island”.

Bob Dylan también tiene raíces cristianas por parte de sus abuelos paternos, que eran ucranianos. Su abuelos maternos si eran judíos y  llegaron de Lituania. Ambas familias se juntaron en Duluth, en  Minessotta. Lo que se ve en el video son las imágenes que Bob guardaba en su retina de lo que vivió en aquellos días navideños de su niñez en Hibbing, al oeste del lago Superior. Por eso “Must be Santa” la escuchamos a ritmo de polka, al ritmo de moda en los años cuarenta.

En toda senectud, una sombra de la infancia recorre la memoria de los seres humanos, como una sombra tenebrosa. Dylan ha regresado a la infancia. Para justificar su propio viaje se ha acordado del poder  indulgente de la beneficencia.
Pero de todo este cuento navideño, surge una pregunta:¿Ha tardado casi setenta años en darse cuenta que  hay hambre en el mundo?.Eso es lo que parece. En su página  de internet dice compungido: ”Es una tragedia que más de 35 millones de personas, sólo en los Estados Unidos, se vayan a la cama con hambre y que no sepan si van a poder comer al día siguiente. Y lo que es peor; doce millones son niños”. A buenas horas, decía un alto ejecutivo del programa de comida para el mundo, que es posible que con el dinero que recaude las ventas del último capricho de Dylan, varias organizaciones mundiales puedan dar comida a unos cinco millones de personas en estas navidades.
Y como cruz de la moneda, los villancicos de Dylan han podido ser disfrutados y obtenidos gratis a través del odernador, en exclusiva ,durante una semana , por los clientes estadounidenses del Citibank . Es decir, el banco que posee el negocio mundial de la tarjeta Visa. Ha sido como justificar un buen puñado de dólares por una buena causa.
Cuando se filtró en primavera que Dylan estaba grabando villancicos en el estudio de Jackson Browne en Los Angeles , el rumor derivó  en una broma, un chiste. Era la grabación  más inesperada, rara y surrealista que había decidido en su vida. Convertirse en Santa Claus y penetrar en el mundo del negocio de la Navidad estaba muy lejos de la imaginación de sus seguidores.

Muchos fans claman que este es el peor álbum de los cuarenta y siete que ha hecho en su carrera. Peor incluso que aquel indescifrable “Selfportrait”. Pero, sinceramente, es el disco más gracioso, hilarante y descarado que se ha hecho sobre canciones navideñas.

Quizá incluso se convierta en el disco más interesante sobre Navidad que se haya realizado jamás. La voz de Dylan da un giro imprevisto , celestial. Su vieja voz rota , partida ,contrasta con  el sentido de los villancicos, de los arreglos tradicionales. Si hubiera que poner voz a Santa Claus la de Bob Dylan podría ser la más cercana al personaje. Hasta tal punto que escuchando el disco no sabemos si realmente canta el autentico Santa Claus. Hasta puede ser que Bob Dylan sea el mísmísimo viejo de la barba blanca que aparece todas las navidades en el mundo occidental.

Abajo, ‘Must be Santa'.