BOB DYLAN 75 AÑOS : ENCERRADO EN UN «BUS» NEGRO

El extraño viaje de “never ending tour”. no sale de su “magic black bus”, le hacen sus propia comida y no quiere saludar a nadie.

Hoy, que cumple 75 años , está encerado en su mansión de Rainwater, en  Zuma Beach, en Los Angeles.

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El famoso bus negro de Dylan

 

“¿Una foto con él?”. Ni se me ocurre pedirlo.El único trato es con su “tour manager”, que nos hace todo tipo de preguntas, dirigidas por Dylan.

 
Como un padre disgustado con sus hijos o un furioso dios Zeus , el trato es hierático con su horda de fans y seguidores. Ahora sólo le interesa ser un coleccionista de efemérides culturales, buscador de viejos textos y frases o un ávido con esa idiosincrasia de ser estudiante del pasado.

Desde que casi se reúne con Elvis Presley en el cielo, en junio del año 1997, por culpa de una histoplasmosis, que le atacó directamente su corazón de 56 años , ha seguido una rígida dieta alimentaria , que no le deja pesar más de 65 años.

siempre ha comido poco, pero ahora viaja con su propio “chef” , a lo largo de toda la gira. No bebe , no fuma y siempre se hidrata mucho en el escenario. Ha dejado de tocar la guitarra en sus conciertos. Las mala lenguas dicen que su médico personal le ha obligado a tocar el piano , para estar menos tiempo de pie en el escenario . Otra lenguas más viperinas dice que Dylan sufre el inicio de un “parkinson” leve.

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Siempre me ha maravillado su memoria para recordar sus largas letanías de sus letras. Pero para su última  gira europea está repitiendo cada noche que sube al escenario las mismas canciones. Así las recuerda mejor y no se equivoca. Tiene una memoria prodigiosa.
Hace tres años vimos su famosos “black magic bus” aparcado cerca del Guggenheim . Por supuesto, estaba aparcado en el palacio de Deportes madrileño cuando tocó en Madrid el año pasado. Es su casa, su restaurante , su estudio de pintura y a él no tienen acceso ni sus propios músicos, que están contratados a base de cláusulas de conficialidad..
Es su “hotel móvil” Siempre está protegido por dos “guardaespaldas” al menos . Y pobre del músico que es llamado al “bus negro” . Hay bronca con casi toda seguiridad. Me contó el propio Charlie Sexton, su gran guitarrista, que una vez de salió del “bus negro” y que no volvió a ser de la banda de Dylan hasta tres años después.

Dylan tiene un toque esquizofrénico acerca de los horarios. Por la mañana siempre le toca bicicleta , siempre que no pueda jugar al golf. Desde su problema con el corazón práctica el golf. Incluso se compró hace cinco años una mansión en Escocia, no muy lejos de St. Andrews. No tiene el ejemplar par de Alice Copper, pero no juega mal del todo.

maxresdefault (2)No quiero ser cruel ni tampoco fanático con . Pero todas sus actuaciones son tan polémicas como incomprensibles, absurdas y también llevan polvos mesiánicos.

La última vez que ví a fue  en Madrid, tras un magnífico concierto de sus abanderados Los Lobos, que realizaron un fantástico “medley” con La Bamba de Ritchie Valens y el “Good Lovin” de los Young Rascals.

Ví a un Dylan entre penumbras , gracias a una puesta en escena opaca, de luces cálidas ,pero sin luz. Un que ahora divide sus conciertos en dos partes, con un descanso de veinte minutos .

Sigue mancillando sus canciones con versiones que las convierte en valses rockeros con toques vaqueros, con caprichosos cambios de melodías. Lo viene haciendo desde al menos hace veinticinco años. Desde que un músico de jazz le enseñó un truco en ritmos ternarios, no binarios, para cansarse menos.

es la antítesis de los Stones, que calcan sus éxitos con toda su virulencia. Dylan los destroza, con caprichosa secuencias, aunque su banda es un cuerpo de formidables músicos a la vieja usanza del rock, que comanda el más joven, Charlie Sexton.

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Ese halo de único, elitista, le convierte en un mítico patriarca de sus canciones, un celador caprichoso.

Dylan no desafina,casi. Su voz actual es como si saliera de la ultratumba, la voz de un anciano que quiere pasar a la posteridad, a ser un dios del olimpo de Zeus.

Lleva cuatro micrófonos para que su voz suene magnífica. Uno de ellos es de ambiente, uno central y ogtros dos de graves y agudos. El sonido es flojo, pero magnífico. Hasta George Recile tocó con mazas toda la primera parte para amortiguar el sonido de la batería, de la que cada día más detesta.

Ya no toca la guitarra. Su médico le ha dicho que toque el piano. Y, ahora, no es un Vox , un Fender. Ahora es un piano de semi-cola. Pero cuando toca no es precisamente Al Kooper.

Me gustó cuando cantó “Tangled up in blue” y me gustó su versión de John Lee Hooker, en Early Roman Kings.

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Camuflado , con un amigo italiano, en su último viaje a Roma, al Royal Palace

Pero la gente se pone de mala leche como cuando destroza “She Belongs to me” o “Simple twist of fate”. La verdad es que es muy difícil reconocerlas. También , porque cada día vocaliza peor, naturalmente, por la edad.

Pero es Dylan. Dylan es dios. Uno de los pocos dioses de nuestro cielo estelar . Se le puede perdonar hasta su voz de anciano. A sus 75 años, ¿que es lo que queremos?. Aunque Jagger cumple en estos días 72 y Dylan parece su padre. Claro que Dylan es Zeus y Mick, tan sólo Peter Pan.

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