¡BJORK: QUE HORROR, QUE HORROR!

Me da pena, mucha pena escribir esto, pero acabo de escuchar tres veces “Biophilia”. Es el  septimo álbum de . No es me haya sorprendido negativamente. Es peor, mucho peor.

Me ha irritado, como si sintiera que alguien o, exactamente, Bjork, me estaba tomando el pelo.

Envuelto en no sé cuantas estúpidas aplicaciones, para la técnica del consumo, incluso documentales y sus esperpénticos showa, lo cierto es que el álbum es incalificable. Llanamente,  es una porquería, basura.

No me puede engañar. La conozco mucho. Está absolutamente seca musicalmente.  Cuando le ocurre eso, se trata de defender con inventos como la biofilia, los trucos técnicos. Una mierda envuelta en celofán. Además, ella, musicalmente, no es nada significativa y ya no admite intervenciones en su obra. Apenas utiliza instrumentación, porque desconfía del camino a seguir.

Con todo eso, seguro que una pandilla de imbéciles, dirán que es una obra de arte avanzada.

Bjork recurre a sus manida melodías, reiterativas, nada originales, una cacofonía de sí misma, pero mediocre.

No me extraña que tuviera problemas con Universal y que le hayan devuelto a corral dos veces algunas de las canciones. Es un horror, un terrible horror.

Es curioso cuando los artistas vanguardistas no quieren tomar el pelo con basura con todos los pronunciamientos, sólo invocando su nombre y su inmejorable pasado.

Hay recuerdos como aquel “Metal Machine Music” de Lou Reed, que muchos idiotas se creyeron como un nuevo pronunciamiento sobre la guitarra como obra de arte, cuando era una insigne basura escatolóigica para vengarse de RCA, su compañía. Es increíble.

Lo siento, lo siento por los seguidores de Bjork, que no se crearán lo que escribo, pero este álbum es simplemente una bazofia.