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Un loable intento que quedó en nada porque Ian Curtis estaba llamado a acabar con su vida, era un enfermo, un maníaco depresivo.
El guitarrista de Joy Division y New Order, Bernard Sumner, ha revelado a Uncut Magazine que llevó al cantante de Joy Division a un cementerio al menos en una ocasión antes de que cometiera suicidio para “prevenirle de la realidad de la muerte”.
Ian, como Nick Drake, no era una persona “normal”, pero quizá si más normal de lo que parece. Curtis sufría de epilepsia y depresión (como tantas personas que la sufren y lo saben o no, se la tratan o no), y acabó saliéndose con la suya en 1980 a los 23 años tras varios intentos fallidos de aniquilar su vida por completo. Sumner rememora:
“Pasé dos semanas con él antes de que muriera. Recuerdo haber hablado acerca de la primera vez que intentó suicidarse. Cogimos el autobús de vuelta a casa, y, a propósito, caminé con él por el cementerio para prevenirle de la realidad de la muerte.”
Bernard Sumner piensa que en la cabeza de Ian Curtis existía la fantasía, una especie de ensoñación, con la idea de su propia muerte. Y dice que todas sus letras derivaban de esa fantasía, que hablaba de las cosas a menudo de un modo muy poco realista.
“Pensé que podía comunicarle la realidad de estar muerto a la vida real. ‘Este podrías ser tú’.”
¿Un loable intento de desmitificación de la muerte por parte de Sumner para los que están enamorados de ella? Da igual, el intento quedó en nada. La muerte no es más que un hecho natural, la conclusión natural de la vida, pero estaba escrito que Ian debía morir pronto y por su propia mano.