beck-morning-phase-coverEl album se inicia con una absoluta declaración de intenciones. Dave Beck quiere reforzar su línea armónica, de canciones con interés melódico, pero con estilo sencillo.

Su padre, el gran orquestador, David Campbell escribe un pequeño tema de cuerda como inicio del álbum. Dura poco más o menos que medio minuto. Pero, a continuación, llega la Mañana de Beck. Una buena melodía. Y el album circula con sus canciones escritas con toda seguridad en la firmeza de su guitarra acústica,aunque suela rematarlos al piano.

Es como si Beck, en el album, quisiera ser el nuevo Cat Stevens, pero a la americana. Quizá el gran John Martyn, pero va en esa línea de los años sesenta, hasta con aquellas reverberaciones.

Claro que llegas a ‘Blue Moon' y se abre el cielo. Entiendo que la haya elegido de primer single. Con roces de armonías a lo John Lennon, en ‘Beatiful Boy' de Double Fantasy, Beck construye una luminosa canción. Magnífica.

Claro que también sabe que su obra maestra la deja para el final del album, la canción decimotercera, magnífica, suntuosa, segura, bella, llamado ‘Waking Light'. La esfera de la luz de la mañana y su luz, sobre todo, su luz, con esos arreglos orquestales magistrales de su padre.

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Beck, con su disco en el sello de Jack White, cuando no tenía contrato y faltaba llegar a Capitol

Creo que esa canción proviene de las sesiones de grabación en Nashville, cuando le apoyaba Jack White. El grupo de músicos es fenomenal, con Joey Waronker, el batería de Thom Yorke en Atoms For Peace, el increíble Roger Manning, que tanto le ha robado Thomas Bangelter, por ejemplo, su Moog Cookbook y, desde luego, Smokey Hormel, el amigo de Sean Lennon, en ‘Cibo Matto'. El tema suena fantástico.

La única pega que puedo ponerle álbum es que ni mucho menos tiene una alegría natural en las canciones. Hay cierta languidez, pesimismo en el disco. Beck cree que todo el mundo le eprsigue o que cae mal a los músicos.

Son como corruptelas de su propia mente. Pero creo que la culpa del complejo de persecución proviene de que como su padre, pertenece a la Cienciología, desde hace 35 años, un adicto del “padre” Hubard.

Peros seguro que si las canciones en este duodécimao album de Beck, el de su resurreción, no hubieran sido buena, no habría fichado por Capitol Records, el sello mítico, aunque ahora haya sido violado por Universal y sus aguas pestilentes de Vivendi.

Beck es Los Angeles y Capitol también lo es.

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