Arcade Fire se han encerrado en su iglesia particular, en Farhan, a unos 70 kilometros de Montreal. Quieren ensayar nuevas canciones, grabarlas y, luego, desarrollarlas en un estudio más profesional.

Con la llegada del invierno, Arcade Fire, simplemente, quieren hibernar, pero haciendo música.

El cuarto album, tras las tres primeras maravillas, no saldría de ninguna manera antes del verano del 2013, dos años después de “The Suburbs“, que fue el mejor álbum hasta la fecha del mejor grupo del mundo.

El batería Jeremy Gara, que lo bueno que ocurre en el colectivo de Arcade Fire, que casi funciona como una comuna, es que jamás tienen la presión de una multinacional para apremiarles en los temas o entregar el álbum cuanto antes. Ni tampoco un  manager que les esté obligando a una gira eterna e insoportable.

La creatividad es la marca mayor de Arcade Fire.