descarga (9)Hoy es el aniversario de un maravilloso compositor, guitarrista y artista.HUBIERA CUMPLIDO 70 AÑOS

En octubre de 1974, Nick Drake haría su último viaje a París. ¿Como último intento desesperado para conquistar a su amor imposible?

Durante meses había forzado un nuevo contacto con Françoise Hardy a través de unos amigos franceses.  se agarraba a aquel viaje como la salvación de su alma angustiada, deprimida, atiborrada de sensaciones negativas. Su tercer álbum, el magnífico y minimalista ‘Pink moon’ había vuelto a ser un fracaso. Vendió apenas 5.000 copias. Hacía no mucho, la magia del Sena y su luna habían hechizado a Nick, que pudo cenar con su particular Dulcinea. Pero el encuentro terminó en fracaso.

Nick era demasiado tímido igual que Françoise, y, encima, el inglés de la francesa era horrible. Por si fuera poco, Françoise no se sentía especialmente atraída por el físico de Drake.

Última luna con Françoise Hardy

Era su talento, su voz que susurraba esas extrañas canciones, en tonalidades nada habituales, inconexas, sin específicar, lo que hacían a Nick muy atractivo. Incluso el estilo de tocar la guitarra con sus largas uñas, con la impresión de belleza sumergida de sus letras había cautivado a Françoise.

Picture 138

Françoise prefería Mick Jagger

El resto de su comunicación amorosa era una puñetera perdida de tiempo. Aquella noche, en cautividad con sus propias emociones, sin esperanzas de un ‘amour fou’, casi suponía la última noche de un ser vivo, desmotivado con la vida y sus posibilidades. Su poética luna rosa no había obrado milagros en París. Justo había escrito su última canción en París.

Al día siguiente de aquella frustrada cena, sin dinero, sin ilusiones, Nick emprendió su viaje irremediable hacia Tanwoth, hacia la casa de sus padres, de donde ya nunca salió. Nick volvía al vientre materno, a su habitación infantil, con la cama pequeña, donde apenas podía entrar su cuerpo y un metro y 95 centímetros de estatura. Al lado de esa cama miníscula, un pequeña mesa vieja de madera , en la que solía colocar siempre unas flores.

13986933367208

También una pequeña estantería con los versos de Liz Browing y Robert Blake, algunas novelas de D.H. Lawrence, algunos artículos budistas que empleaba como ayuda onírica, una versión extraña de ‘Hamlet’ y la pútrida biografía de Anthony Scaduto sobre Bob Dylan que nunca dejaba de leer.

En casa de sus padres. En casa de sus padres.
Por supuesto, tenía el álbum ‘Blonde on blonde’ de Dylan, además del debut discográfico de Leonard Cohen, el maravilloso ‘Blue’ de Joni Mitchell y hasta ‘Tubular bells’ de Mike Oldfield. Aunque su favorito era la ‘opera prima’ de Randy Newman.

Los antidepresivos

Eran sus únicas sus posesiones. La únicas en esta tierra. El 24 de noviembre de 1974 salió de casa de sus padre para “visitar un amigo”. No se sabe todavía a quién. La única relación sentimental o la única que le relacionaba con la sociedad era su pequeña amistad con Sophia Ryde, pero jamás hubo entre ellos una relación sexual. Si acaso, en su vida, sólo había tenido relaciones emotivas con la cantante folk, Linda Thompson, tras separarse de su marido Richard, con el que formaba un dúo de folk.

Nick decidió acostarse temprano a pesar de que era sábado por la noche. Fue la última vez que lo vio vivo su madre, la bellísima Molly. Le dió un beso y ‘lo acostó’ con un “buenas noches”. A las doce de la mañana del día siguiente, Molly estaba alarmada. La habitación de Nick permanecía con la puerta cerrada. No se oía nada. Molly decidió forzar la cerradura y lo primero que vió fueron las largas piernas de Nick que estaban fuera de la cama. No se movía. El rostro de su hijo parecía como dormido. Lo sacudió varias veces, pero sólo tocaba a un cadáver . El tocadiscos que tenía al lado de la cama, seguía dando vueltas, con el disco ya terminado de los ‘Conciertos de Brandemburgo’ de Bach, presumiblemente el último disco que escuchó aún con vida. En la mesilla de noche, encontró ‘Le mythe de Sisyphe’, de Albert Camus, en francés, que también pudiera ser el último libro que leyera. Nick siempre estuvo fascinado por el hijo de Ulises, su relación con las hadas, la piedra y la idea de la interminable subida a la colina.

music-nick-drake

El mundo que abandonaba Nick no se había portado muy bien con él. Jamás aparecía ya en la prensa musical. Hacía ya dos años de su último álbum, el fantástico ‘Pink moon’ y tampoco le gustaba tocar su músicas en directo. Quizá por culpa de su timidez. Además, ¿quien le iba a contratar?. Nick Drake sólo tenía 26 años. Como la marca de Caín, ni siquiera quisieron admitirle en el maldito ‘Club de los 27’, junto a Jimi, Jim,Janis, Kurt y compañía,

El suicidio

¿Cuantos Tryptizol había ingerido aquella noche del sábado para que su corazón dejara de latir? El policía que se hizo cargo del caso, al parecer, exageró hasta el punto de afirmar que se había metido entero el pequeño bote de aquellas repelentes pastillas antidepresivas. Unas 30 pastillas. La investigación concluyó que Nick, simplemente, se había suicidado, a pesar de la fuerte oposición de su madre Molly, de su padre, Rodney, y de su hermana, la actriz Gabrielle Drake, que estaban convencidos de que todo había sido un error involuntario. Pocos días después, el dos de diciembre, Nick fue incinerado y enterrado en una pequeña tumba Tanworth, en el cementerio de St. Mary. Ni un sólo músico conocido acudió a su sepelio, a pesar de su gran amistad con el cantante folk John Martyn.

images (16)

El famoso periodista Nick Kent, de ‘New Musical Express’ escribió un año después de la muerte de su amigo Nick que Island Records se negaba a publicar otra vez los tres discos que había grabado Drake. Tres auténticas obras maestras. En aquellos días, Island vendía millones de discos de Cat Stevens y empezaba a venderlos de Bob Marley. No necesitaba a un perdedor llamado Nick Drake.

Pero sólo cuatro años después, en el año 1978, un gran ‘fan’ de Drake que había fichado como ejecutivo por Island se atrevió a publicar una caja con los tres álbumes en vinilo, incluyendo la obra maestra que es ‘Five leaves left’, donde se incluye la increíble y maravillosa ‘River man’, una de las pocas canciones que escribió en su vida que tienen una tonalidad conocida, pero con un ritmo de 5/4, y que volvió a ser un éxito hace diez años. En ese álbum se incluye también la extraordinaria ‘Fruit tree’.
Desde finales de los años 70, Nick Drake se ha convertido en un misterioso y soberbio personaje de culto. Kate Bush fue de las primeras en recordar su talento. Luego fue Paul Weller, que no entendía su extraña forma de tocar la guitarra acústica. Una técnica absolutamente desconcertante. Hasta el coleccionista de discos Peter Buck, de REM, se convirtió en un apasionado embajador de la música de Nick Drake. Parecía que, con las apenas 31 canciones que Nick había grabado en su vida, pasaba a la historia como el Robert Johnson del folk-pop de su época en Inglaterra.

Autopsia-alma-Nick-Drake_PLYIMA20120216_0072_5

Hace unos cuatro años se supo que Nick había acudido a un pequeño estudio de grabación justo una semana antes de su muerte. Parece que grabó sólo cuatro canciones. Una de ellas se llamaba ‘Black eyed dog” y decía su inquietante letra:

Un perro de ojos negros ha llamado a mi puerta/ Un perro de ojos negros me pide más/ Un perro de ojos negros incluso conoce mi nombre.

83642682_781c317dd2
Efectivamente, una sórdida metáfora para su muerte. Nick había escrito su propio obituario, con ese aire de fragilidad, de sentida melancolía que acompañaban los días de un maravilloso compositor y músico.