Sólo porque David Bowie versionó “Criminal World” en “Let´s Dance”, este elepé debut de Metro ya merecería una revisión. Obviamente Bowie no versionaba cualquier porquería. Sin embargo, que Bowie la escogiera queda en nada, en simple anécdota, tras reescuchar las abundantes cualidades musicales de la ópera prima de Metro.

El original de aquella canción venía en “Metro”, publicado en 1976 por Transatlantic, uno de los discos británicos mejor compuestos, tocados, producidos y arreglados de toda la década de los setenta. Una obra maestra que tardó demasiado en aparecer y que no tuvo continuidad al deshacerse el grupo original en 1977. Un disco que hoy en día permanece ridículamente descatalogado…

No se sabe muy bien que pasó entre Duncan Browne y Peter Godwin (ambos fotografiados en la portada del álbum en plan dandy envarado, “gousters”), el caso es que engendraron un disco tan esencial como incomprendido y cada cual siguió por su camino. El trío lo completaba Sean Lyons tocando guitarras, al parecer quedó fuera de la portada por “feo” (¡¡!!).

Lo curioso es que básicamente “Metro”, evitando superficiales etiquetas glam-rock y al margen de la estética entre lo gangsteril y lo pre-newromantic de la foto de portada, era un disco de folk exquisito aderezado de rock, funk, pop o jazz-fusión.

Un LP en el que las canciones suenan magistralmente acabadas como si llevaran muchos años tocándolas. Nada raro puesto que su grabación fue larga, el disco es un cúmulo de hallazgos bien aposentados y Godwin susurra con intención las letras, como si fueran un pecado que hay que pronunciar en voz baja.

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Cortes como “Precious”, que hace justicia a su nombre; la acústica “Paris”; el funk expansivo de “Flame”, con casi la misma melodía de la posterior “Catch Me Now I´m Falling” de los Kinks; o el desarrollo pop progresivo de “Mono Messiah”.

Pero sobre todo la balada “One Way Night” y “Black Lace Shoulder” con una sonoridad similar a Cockney Rebel gracias al violín de Graham Preskett y previa a cosas como “I Want to be a Machine” del inminente debut de Ultravox! trabajo que no fue sino el fin del glam rock en Inglaterra.

Tras la separación de los Metro originales, Godwin y Lyons pasaron a llamarse por un tiempo Public Zone y sacaron en 1977 un single con Stewart Copeland a la batería. Stewart tuvo que elegir entre seguir con ellos o tirar para adelante como batería de Police, quedándose – con suerte para él- con el grupo de Sting.

Después volvieron a llamarse Metro y sacaron un par de álbumes interesantes pero lejos de la maestría asombrosa del largo que hicieron con Browne. Godwin llevó a sus Metro hacia territorios más new wave y post-punk, con un buen repertorio pero carente de la fuerza y de la juventud de muchos de los grupos que abanderaban esos nuevos estilos.

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Duncan, por su parte, retomó una carrera en solitario (ya había grabado antes un par de LPs excelentes) en la que recogió el sonido de los Metro originales, esas canciones largas entre lo pop y el progresivo más accesible y menos esdrújulo. Además su sección de ritmo eran Simon Phillips en la batería y John Giblin al bajo, junto con el propio Browne, tres quintas partes de los Metro del disco de presentación.

Al final, curiosamente, el cantante y multi instrumentista Duncan Browne, sin quedarse con el nombre de Metro, acabó sonando más Metro que los propios Metro de Godwin.

Viendo cualquiera de los vídeos o montajes de “Criminal World”, la imagen del grupo, su actitud de ultra seguridad y la canción en sí misma, es difícil entender como no triunfaron. Quizá porque salieron en 1976 en vez de en 1981.

Hace pocos años se reeditó el avanzado “Nite Flights” de los Walker Brothers. Sería un gran acierto que “Metro” volviese a estar en breve en las tiendas otra vez.