Los Grammys que acaban de terminar han decidido que todo sea para Adele. Incluso la actuación más celebrada fue la de la propia Adele, que estuvo francamente inspirada con ‘Rolling into deep'.

Adele ganó el álbum del año, el disco del año, la canción del año, la mejor interpretación. Y de adelgazar, poco.

Uno cree que que cuanto más gorda, más le gusta a los americanos o a todos los tele-espectadores. Los kilos dan premios, como se demuestran en todos los vomitivos programas de “operaciones triounfos”, incluida la Rosa de España. Adele está bien, pero, ¿es para tanto?.

Entre las actuaciones sorprendió Joe Walsh con Paul Mc Cartney, que cerró la gala con los éxitos de los Beatles para variar. En el final de Abbey Road, Joe Walsh, Bruce Springsteen , Dave Grohl, todos juntos, como el Rock and roll Hall of fame. Más Beatles.

No estuvo nada mal la mezcla de Maroon Five con Foster the People, apoyando a los Beach Boys con una sorprendente ‘Good Vibrations', pero no estuvo nada lucido el “apaño” acústico, sólo acústico de la guitarra de Chris Martin y la voz de Rihanna en ‘Princess of China'.

Gala floja, irregular. Uno creyó que iba a ser especial.Pero no lo fue. Que terrible decepción.

Los Grammys no levantan cabeza. El espíritu no es nada evolutivo.