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Me resulta chocante que el álbum de , un apóstol de Kanye West , se considerado como un genio con este su tercer álbum y la revista, la biblia en decadencia, el “Rolling Stone , coloque su “To Pimp a Butterfly” como el mejor disco del año.

Pero bueno, no está mal. Y, efectivamente ,como decía Tony Visconti, se han apropiado de ideas de Lamar para “Blackstar” de Bowie . Sólo hay que escuchar la melodía en el arranque del disco, “Wesley´s Theory” , cuando canta:

At first, I did love you
But now I just wanna fuck
Late nights thinkin' of you
Until I get my nut
Tossed and turned, lesson learned
You was my first girlfriend
Bridges burned, all across the board
Destroyed, but what for?.

Es casi igual, calcadoen lo músical ,  cuando Bowie se queja de sufrir su ataque cardíaco y convertirse en un Blackstar,cuando canta con rabia:


I can’t answer why (I’m a blackstar)
Just go with me (I’m not a filmstar)
I’m-a take you home (I’m a blackstar)
Take your passport and shoes (I’m not a popstar)
And your sedatives, boo (I’m a blackstar)
You’re a flash in the pan (I’m not a marvel star)
I’m the Great I Am (I’m a blackstar).

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Es igual. Pero, en fín, hay temas muy interesantes como “These Walls” y “How Much a dollar cost”.

Pero me juego el cuello que si Lamar no fuera una especie de lider del “black-power” los críticos americanos no se volverían tan locos con la obra de Lamar.   El disco comienza con un sampling “De cada negro es una estrella” de Boris Gardener.

El resultado de los críticos bajaría mucho, no hasta los infiernos, pero Kendrick  no es Kanye West, de todas formas. Sdemás, no es un disco panaeruopeo, desde luego. Aunque hay muchos negros en Europa.

Kendrick Lamar seen during We Day at the Air Canada Centre on Thursday, Oct. 2, 2014, in Toronto, Canada. (Photo by Arthur Mola/Invision/AP)

Kendrick Lamar seen during We Day at the Air Canada Centre on Thursday, Oct. 2, 2014, in Toronto, Canada. (Photo by Arthur Mola/Invision/AP)

La revista “Rolling Stone” dice del disco:

Musicalmente, líricamente y emocionalmente, el tercer álbum de Kendrick Lamar es una especie de obra maestra , una epopeya,  que a la vez suena a  música de fiesta. Una superestrella de rap, por fin, después de años en la rutina , Lamar lucha con la depresión y la culpa del sobreviviente que siguió a su fama y el éxito , recurriendo a los héroes de Ralph Ellison y Richard Pryor a Smokey Robinson y Kris Kross a Nelson Mandela y Tupac. Vive con un  gran disco.