A continuación, el excelente artículo de NACHO ARTIME, una de las plumas musicales más brillantes del último siglo en nuestro país.

“Mirad hacia arriba, estoy en el cielo
Tengo heridas que no podéis verme
Tengo un drama que no me podéis robar
¿Sabes?, seré libre
Sí, seré libre como ese mirlo
Sí, seré libre
¿No es eso ser como yo?”
“Lázarus” en  Blackstar.

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ESTE PAIS ENTIERRA MUY BIEN

POR NACHO ARTIME 

Este país entierra muy bien, como bien dijo Rasputín Rubalcaba cuando asistía a su propio entierro político. Cuna de plañideras, aún no se han extinguido. Lloramos como nadie. Alabamos como nadie. Matamos como nadie. Y luego, los elevamos a los cielos. También como casi nadie.
Parece como si, ante la aparición de tanta plañidera especialmente en los twitters, hubiéramos amado a Bowie tan desesperadamente. Desde siempre. Y tengo la impresión de que en este país, desgraciadamente, David  nunca fue tan adorado por esas masas anónimas. Pero estamos en la era del post. De que se trata,  que opino. Y le hago una gracieta. O un llanto. Quiero ser el nuevo Garcia Lorca llorando a Ignacio, su torero muerto.
Incluso me está pasando a mí. No creí que amara tanto a Bowie hasta escuchar al coro de plañideras. Ni que le echara tanto de menos, apenas sin dar cuenta de su inclasificable talento. Salvo Julián Ruiz y Luqui- hoy sería un dia para él también muy triste- que siempre lo tuvieron tal vez a la misma altura de Beatles. Y que siempre lo recordaron con devoción.
Ya desde los tiempos inmemoriales de “El Gran Musical” y el glam y el “Gay Power”. Todo se fue cumpliendo. Fue toda una época que sí dejó huella en la historia de la música en particular. Y del Arte en general.
Es lo que a mi más me interesa de Bowie: su multitalento aplicado a tantas facetas y variantes de las musas. Como era capaz de hacer tantas cosas a la vez sin volverse loco. Como pudo ser sencillamente el hijo de una taquillera de un cine de barrio- no es peyorativo lo que digo- y llegar al top of the world. Y todo sin ninguna educación en Cambridge o así. Los genes tienen ese fantástico misterio.
Creo que no dejó arte sin sembrar su impronta, como les gusta decir a los arquitectos y a los políticos. Incluso en el teatro, tal vez su faceta menos conocida. Pero pocos artistas habrá nunca jamás en el mundo tan teatrales. No solo eran sus aclamadas puestas en escena, era como cantaba las canciones. El solía decir: no las canto, las interpreto. Por eso fue tan inútilmente imitado.

The-Elephant-Man
Yo jamás olvidaré una de las experiencias teatrales mas increíbles de mi ya larga vida: el debut de Bowie en Broadway. Haciendo nada menos que de “hombre elefante”. Antes de su éxito en el cine, fue un enorme éxito teatral. Y descubrir a ese monstruo físico en la belleza de Bowie a pecho descubierto, fue para mi realmente extraordinario. Nadie sabe por qué no siguió esa fulgurante carrera. Tal vez porque su vida fue siempre un gran show que no necesitaba de unas tablas.
Le pasó también en el cine. Aunque filmó muchas más films de las que yo recordaba, no acabó de desarrollar todo su talento. Pero yo recuerdo su memorable “recreación” de Andy Warhall en la biografía de Basquiat, el grafitero maldito. Genial. Y un gran reto. Pero se conocían muy bien y saltaron chispas.
Ya no solo España es un plañidero a coro sin desafinados.. El mundo entero enciende velas y llora y escribe cartas y son Major Toms y ahora Lázaros y se levantarán y andarán tras la huella imperecedera. No resucitará pero si será libre, como reza su epitafio hecho con toda intención.

En los obituarios de las grandes publicaciones se maneja con unanimidad un calificativo pocas veces utilizado con mas justicia. Era un ser de otro mundo. Yo estoy convencido de que era un Alien, por eso su amor a las odiseas espaciales.
Me ha llamado la atención la nota mortuoria que ha escrito Tony Visconti, su productor y hombre de confianza. Creo, creí, como piensa él que toda la operación “Lázarus” es su última gran “mise en escene”. Calculada al milímetro. Se avecina la muerte. Mi epitafio. Estreno triunfal de crítica y público en un prestigioso Off Broadway, camino de la gloria teatral en primavera en el White Way puesto que las entradas están en la reventa a 500 $. Ah, y el disco. Y el cumpleaños. Y la penúltima foto antes de que fuera demasiado tarde.
Como cuenta Visconti: “su muerte fue una obra de arte. Como su vida”. Como sería la de un Alien que cayó a la tierra. Sí que era de otro mundo. Y sí que habitará aquí para siempre.

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